Paso caminando despacio, con la cabeza en otra cosa, como de costumbre, sin mirar, y cuando casi me estoy yendo, sus vidrieras me llaman, gritandome una palabrita que las mujeres solemos adorar:
S A L E !
Stop. Me detengo, me doy vuelta y los veo. Dejo de lado los complejos de estatura, entro, me los pruebo y salgo chocha con mi bolsita.
